miércoles, junio 08, 2005

Para uno otro...

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Fausto, curioso nombre para un no tan curioso hombre, Fausto vivía a las afueras de la Ciudad, en las llamadas ciudades perdidas, a pesar de las largas distancias a recorrer y que cada viajecito comprendía al menos dos horas o dos horas y media de camino, Fausto estaba contento de tener su casita, modesta, sí pero bastante limpiecita, Fausto vivía con su hija la pequeña Lilia, un día de tantos en la época de las tolvaneras, Lilia enfermo, Fausto asustado inmediatamente la llevo al hospital comunitario a las afueras de la Ciudad perdida, para llegar ahí, debían recorres veintidós kilómetros, distancia traducida en dos combis y un pesero.
En el centro de salud, únicamente le recetaron dos aspirinas , reposo e hidratación, Fausto a pesar de no tener muchos estudios razonaba que para la fiebre, nauseas y diarrea que tenia la pequeña Lilia un par de aspirinas no bastaría, pero decidió confiar en los conocimientos del Doctor, galenos que seguramente no llegaba a los 25 pero Doctor al fin.
Por la noche Lilia empeoro, la fiebre se convirtió en convulsiones, y las diarreas se convirtieron en salvajes evacuaciones de sangre, Fausto aterrorizado por el estado de su niña, corrió de inmediato a buscar socorro, pero a las dos de la madrugada y en la Ciudad Perdida, nada se puede hacer, a lo mucho pudo despertar a Doña Tencha, que lo único que atino a recomendar fue pan puerco, - a mi se me hace que es empacho -, Fausto caminaba de un lado a otro de la pieza si encontrar consuelo, oyendo a su hija quejarse y llorar del dolor.
Desesperado, comenzó a rezar a los santitos, a la morenita del Tepeyac, a San Judítas, a Dios mismo, por su hija por piedad, por compasión, por caridad, al borde de la locura y viendo que su hija ya no respondía, ofreciendo su alma en prenda por la de sus hijas encamino sus ruegos a Satanás, sálvala, sálvala le lloraba, sálvala y seré el mas dócil y humilde de tus siervos sálvala.
Sin respuesta expresa, la niña acaricio la frente de su padre, en el mas tierno de los amores, con una sonrisa le expreso que ya no había dolor, que se había ido, pero tenia sueño, y de inmediato se sumió en el mas bello de los sueños, Fausto sin decirlo, esperaba de todo corazón que San Juditas hubiese atendido sus ruegos, y en una de esas hasta el Santísimo.

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