Nunca les ha atravesado la mente que en cualquier momento pude cambiar si destino, a mi no, casi no, hasta anoche, circulaba por Izazaga a punto de atravesar Eje Central, siempre sigo de frente hasta encontrarme con Luis Moya donde siempre doblo a la derecha, para encontrarme con Delicias donde vuelvo nuevamente a doblar a la derecha, para dejar mi coche en la pensión, pero esa noche, no lo se, quizás fue la lluvia quizá que llevaba dos cervezas encima, quizás que venia solo, no lo se, nada parecía ser diferente, pero lo fue, extrañamente de un giro que no fue solo de volante, doble por Lázaro Cárdenas, solo para encontrarme de frente con un puesto ambulante de dulces, cigarros, y demás, los frenos estaban húmedos, no alcance a frenar para fortuna mía o al menos así lo vi yo, solamente golpee el puesto y no a la persona que que lo empujaba, claro que el señor del puesto no lo vio como una suerte, de inmediato detuve la marcha, encendí las intermitentes a pesar de que el trafico era escaso, pero ya no quería mas sorpresas, cuando baje del coche para verificar los daños, me encontré con un señor harto molesto y con el hecho de que no llevaba chamarra o suéter que me protegieran de la lluvia, entre discusiones el señor me dijo que con mil quinientos toda quedaba solucionado, mil quinientos, no iba a para esa cantidad por una caja de dulces rota y una abolladura leve en el carrito, la negociación siguió por aproximadamente veinticinco minutos, cuando escuche una voz que decía mi nombre, busque de donde salía la voz pero en principio estaba empapado con la lluvia no veía nada, cuando se acerco a mi un poncho de hule verde, del que se asomo una cara que no había visto en mas de quince años.
Pero nunca la había olvidado, no puedo decir que la recordaba a cada instante pero de vez en cuando, bueno la verdad es que frecuentemente recordaba su cara, Yolanda Saldaña Bolmori, fingí desconocimiento, sin embargo recordaba todo, maldita memoria mía, recuerdo todo y es difícil para mi fingir, por mas que quería abrazarla, por mas que quería entrar por sus pupilas para llegar a su cerebro y vivir en su corazón, de inmediato y como por arte de magia llegue a un acuerdo con el propietario del carrito, y de inmediato le invite a tomar un café, con el pretexto de recordar viejos tiempos, sin embargo no quería dejarla, no podía perderla otra vez.
¿Casada?, fue la primer pregunta impertinente cuando llegamos a la casa de los azulejos, cielos porque no le pregunto que si quiere casarse conmigo de una buena vez, apenas se iba quitando el poncho, perdón que impertinente soy pero es que hace tanto tiempo, si como no.
Me contesto que si que fue del verbo estoy vivo, pero que ahora esta en proceso del divorcio, y tú, bueno que te puedo decir me conoces soy un soltero empedernido, aparte no encontrado a la suicida que se quiera enboletar conmigo, buen punto, a partir de ahí, nos entretuvimos, en preguntas de rigor de esas que se hacen cuando no hay un campo presente en común con alguien al que has dejado de ver por mucho tiempo, supe que había estudiado diseño, pero debido a su matrimonio lo había suspendido que tenia una nena de dos añotes que pude conocer en foto, el tiempo discurrió sin sentir, como cuando estas disfrutando algo que no quieres que acabe.
Quedamos en vernos, el fin de semana para salir con su nena al cine, es fabuloso, imagínense ustedes que hubiese pasado si todo hubiese seguido su curso normal, quizá la hubiese visto, sin verla quizá hubiesen pasado otros quince años sin saber nada de ella, que mas puedo decirles, coincidencia, casualidad, o destino, opine usted.
Pero nunca la había olvidado, no puedo decir que la recordaba a cada instante pero de vez en cuando, bueno la verdad es que frecuentemente recordaba su cara, Yolanda Saldaña Bolmori, fingí desconocimiento, sin embargo recordaba todo, maldita memoria mía, recuerdo todo y es difícil para mi fingir, por mas que quería abrazarla, por mas que quería entrar por sus pupilas para llegar a su cerebro y vivir en su corazón, de inmediato y como por arte de magia llegue a un acuerdo con el propietario del carrito, y de inmediato le invite a tomar un café, con el pretexto de recordar viejos tiempos, sin embargo no quería dejarla, no podía perderla otra vez.
¿Casada?, fue la primer pregunta impertinente cuando llegamos a la casa de los azulejos, cielos porque no le pregunto que si quiere casarse conmigo de una buena vez, apenas se iba quitando el poncho, perdón que impertinente soy pero es que hace tanto tiempo, si como no.
Me contesto que si que fue del verbo estoy vivo, pero que ahora esta en proceso del divorcio, y tú, bueno que te puedo decir me conoces soy un soltero empedernido, aparte no encontrado a la suicida que se quiera enboletar conmigo, buen punto, a partir de ahí, nos entretuvimos, en preguntas de rigor de esas que se hacen cuando no hay un campo presente en común con alguien al que has dejado de ver por mucho tiempo, supe que había estudiado diseño, pero debido a su matrimonio lo había suspendido que tenia una nena de dos añotes que pude conocer en foto, el tiempo discurrió sin sentir, como cuando estas disfrutando algo que no quieres que acabe.
Quedamos en vernos, el fin de semana para salir con su nena al cine, es fabuloso, imagínense ustedes que hubiese pasado si todo hubiese seguido su curso normal, quizá la hubiese visto, sin verla quizá hubiesen pasado otros quince años sin saber nada de ella, que mas puedo decirles, coincidencia, casualidad, o destino, opine usted.

3 comentarios:
Imagìnate, golpes del destino. me pregunto cuántas cosas se pueden decidir cuando conoces a una persona y cuàntos deseos se ven truncados cuando las cosas, simplemente no pueden suceder.
Insisto, escribes con mucha ternura, ese diablo no sé qué hace en tu profile
Es el destino. Definitivamente.
El diablo obedece a una imagen que siempre guardo dentro, talvez sea tierno pero no por eso voy a poner un osito cariñosito. Si asi de por si.
Publicar un comentario